La suerte no existe

Tristemente llegué…aquel baño representaba la libertad para aquello, y por qué no, para mi que me sentía esclavo de aquel sufrimiento y aquellos síntomas.

Cierto día, desperté como todos los demás días de mi vida, aunque con una pequeña diferencia…desperté con un dolor de estómago fuerte, que me oprimía las tripas, y todo órgano que estuviese por ahí cerca, entonces me dije a mi mismo, “mi mismo, párate de la cama y vete pal´ baño”. En el baño descubrí cual era la causa de mis dolores.

Salí para mi trabajo como era costumbre, bueno, no era costumbre, sino obligación, pues dicho sea de paso, aquel día, desee más que nunca quedarme en mi casa.

Llegué temprano y al entrar por la puerta, decidí ir a la maquina de chicle y sacar tres bolas, para quitarme el sabor de la pasta de diente ya que había decidido no desayunar para evitar una tercera guerra mundial en mis tripas. La maquina tenia un letrero que decía 3×5, ósea, tres bolas de chicle por cinco pesos; entré mis cinco pesos, y que creen, la maquina me dio cuatro bolas de chicle, y me sentí súper contento porque entendí que esas maquinas no se equivocan y me dije a mi mismo, “mi mismo, hoy es tu día de buena suerte, no importa lo que pase, no es casualidad que la maquina se equivocara a favor tuyo”.


Todo se desenvolvió  con naturalidad toda la mañana, claro, los cólicos son algo natural, aunque profetizan el inicio de una avalancha por venir, una tormenta que se aproxima, y pobre de las narices que se topen con lo que estaba a punto de avecinarse.


Llegó el momento más duro de la mañana, el momento en el que tiras la toalla, y dices, “no puedo más, ya no puedo aguantar, esto es más fuerte que yo”, y si, si lo es, es más fuerte que tú, te hace vibrar hasta la última fibra de tu cuerpo, te hace sudar hasta el último milímetro de sudor, un sudor insoportablemente frió, son como gotas de sangre saliendo por tus poros, mientras en ese mismo instante, otra cosa sale de ti…cuyo nombre evitaré nombrar.

Estaba allí sentado y mi resistencia era inútil, entonces me dije a mi mismo, “mi mismo, disimula y vete lo más rápido posible para el baño, y mantén el control, un paso en falso y todo se te viene abajo…claro, aquello que evitaré nombrar.

Me lancé hacia la primera vuelta, apurado bajo aquel aire acondicionado, que lejos de enfriarte, te hacía sudar más. Caminé por el pasillo hacia el baño, derechito, no podía casi moverme, sentía que cada paso que daba era un milímetro más que se apresuraba aquello,  aquello que por su connotación evitaré nombrar, pero justo cuando iba a la mitad de camino, aparece un primo, y ese “hijo de Dios”, por llamarlo así, lo primero que me dice es, “hey que lo que, déle un abrazo a su primo”, Dios, ese vacano me jaló, y me dio un apretón que me removió todas las libras de aquello, aquello que cada segundo más gritaba “libertad”, aquello que se apresuraba cada vez más a la luz, aquello que recorría mi intestino como la neblina recorre la noche, y yo que solo me decía a mi mismo, “mi mismo, no se te ocurra auto cortarte, y menos aquí delante de todo el mundo”.

Tristemente llegué…aquel baño representaba la libertad para aquello, y por qué no, para mi que me sentía esclavo de aquel sufrimiento y aquellos síntomas, que solo los que lo han vivido podrían definirlo, entré a uno de los cubículos, y empecé a liberarme poco a poco de aquello, fue sin duda la mejor sensación que había tenido en todo el día.

Wow…para no cansarles mucho la  historia, aquel día tuve que ir tres veces al baño, y cada vez fue peor, en especial la segunda, cuando entré desesperado al baño, los dos inodoros estaban ocupados, y si les cuento lo que se siente estar ahí desesperado por navegar y sin poder soltar las amarras, es lo mas cruel que le puede pasar a una persona.

Fue sin duda el peor día en mi trabajo, entonces, me dije a mi mismo, “Mi mismo, ¿donde esta la suerte que pretendías tener en este día? ¿Qué pasó con la profecía de la maquina de chicle?”……Caminé destrozado, en todo el sentido de la palabra, hacia la maquina de chicle para patearla y desahogarme un poco por aquello, cuando llegué, cruelmente, descubrí algo que cambió completamente mi percepción de las cosas.

Habían reemplazado el letrero de la maquina, esta vez no decía 3×5, llevaba uno más grande forrado de cinta pegante que decía: “Fuera de servicio…no sirve”.

Me di cuenta que la suerte no existe, es producto de las circunstancias que se le presenten a alguien, es producto de la imaginación, y es totalmente incierta.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

A WordPress.com Website.

Up ↑

%d bloggers like this: